BISHOP Y EL PLANETA DE LOS ROBOTS (@Leocaracol)

Cuando llegué a este planeta lo primero que escuché y pude ver, fue el nombre del Comandante BISHOP, todos en este mundo hablaban de él, contaban de sus grandes aventuras y viajes recorriendo el espacio, la población a diario le mencionaba, pero siempre dejando un comentario, “siendo tan raro como era”.

Poco a poco fui conociendo más y más de él supe primero que su mundo eran las galaxias, las nebulosas, los soles y los planetas, el mismo había creado su propia nave y su robot de compañía, pues la robótica era otra de sus locuras y pasatiempos, casi obsesivos, su mente se perdía en sus ideas y sueños.

Pero nadie hablaba del día de su partida, cuando una vez en un  viaje simplemente él no volvió, el Comandante BISHOP, simplemente desapareció, viajó por los cielos infinitos tantas veces, pero por alguna razón nunca volvió, buscando razones de su desaparición simplemente no las encontré, pero no a muchos les importaba, pues “siendo tan raro como era” pocos le extrañaban.

En esta búsqueda de respuestas fui conociendo al Comandante BISHOP, un joven, si, un joven callado, más bien introvertido, que no decía mucho de sí y que muchas veces buscaba la soledad o la simple compañía de una persona que le inspiraba y le comprendía como nadie más podría hacerlo. Esa persona era  ESTRELLA, su madre, una mujer delicada, fuerte, pero muy sensible, de ojos grandes y pestañas que llegaban al cielo, una mujer que siempre tenía una sonrisa, pero en el fondo de su corazón se albergaba la pena, al mirar en su mirada.

Conocí a esa madre, a esa mujer y la vi trabajar día a día mirando mapas estelares, rutas espaciales, hablaba con cada viajero espacial por pistas y cosas que sirvieran para saber más del paradero de su hijo BISHOP, como nadie ella buscaba la forma de traerlo de regreso, de que su voz volviera y estuviera presente, algunos la juzgaban como que había perdido el sentido por su hijo, pero lo que yo veía era  un enorme amor de madre.

Así decidí prestarle mi tiempo y apoyo y puse a su disposición mi humilde nave para poder recorrer los lugares en que BISHOP podría estar.

–                     Gracias, juntaré provisiones – gritó y saltó a trabajar, como si fueran las palabras que había necesitado escuchar, que alguien creyera en su búsqueda, en su trabajo.

Así, un día 9 tomamos rumbo a buscar a BISHOP, muchos pensaron que nos perderíamos, pero ESTRELLA y yo pensábamos lo contrario, sabíamos que sería difícil, pero creíamos que BISHOP estaría bien y podríamos traerlo de regreso.

Pasaban los días y visitamos cada planeta cercano y ya pocas provisiones iban quedando, Estrella se veía triste, casi desesperanzada, pero yo le dije:

–                     Estrella, si estoy aquí, es porque creo en esto, porque se que BISHOP está en algún lugar y lo rescataremos, lo traeremos y te aseguro estará todo bien – ESTRELLA lloró y me abrazó.

Mientras la abrazaba mire por una escotilla de la nave y sentí en mi corazón que había encontrado el lugar, al menos si fuera él de seguro sería el lugar que elegiría. Era un planeta del color de la piel de ESTRELLA con don cráteres que a la distancia eran los ojos de ella, era la mirada de ESTRELLA, la mirada de su madre.

ESTRELLA sin entender mucho, dio pie a mi intuición (sin querer decirlo, en gran medida sentía que BISHOP y yo teníamos muchas cosas en común), aterrizamos y cuando comenzamos a recorrerlo simplemente no podíamos creer lo que estábamos viendo.

Había una civilización de robots, tortugas, perros, aves, elefantes, dinosaurios, personas, todo un mundo hecho de metal y al fondo del paisaje un fuerte, un gran fuerte construido, como quien ordena cartas de un naipe, un fuerte hermoso y grande.

Miré de reojo a ESTRELLA y su sonrisa me lo dijo todo, este era el lugar, comenzó a correr hacia el lugar gritando “BISHOP” “HIJO”, y ahí el apareció, con su traje de astronauta, los ví fundirse en un abrazo, en un gran abrazo.

Conversamos horas, BISHOP nos contó cómo fue construyendo cada detalle, cada lugar, cada robot, como se fue dando cuenta de lo poco que quería estar con las personas, de lo difícil para el que era entenderles, de lo crueles que a veces eran, de lo falso y lejano que eran todos a veces con él. Que simplemente un día se detuvo y pensó “aquí tengo un planeta para mí, puedo hacer y construirlo a mi manera”.

Yo comprendí especialmente lo que decía, pues yo mismo era igual, sin muchos amigos y lejanos de todo, de ese mundo que las palabras dicen cosas distintas las que hacen, no puedo negar que quise a ese pequeño BISHOP desde el día que supe de él, ESTRELLA también comprendió, ella por años lucho para que BISHOP se sintiera parte de todo, integrado y feliz, pero era tan difícil cuando las personas no ayudan, no escuchan y sólo juzgan a alguien sólo por ser un poquito diferente.

En el fondo del corazón creo que todos nos hubiéramos quedado felices en el planeta BISHOP, pero entendíamos que era necesario volver, BISHOP necesitaba volver y siendo el mismo demostrar lo especial y gran persona que era, esa persona que pocos se daban el tiempo de conocer y sólo saludaban a la distancia.

ESTRELLA con ese amor de madre, ese amor único usó las palabras perfectas para convencerle, un “TE AMO”, un “estoy contigo como siempre he estado”, fueron suficiente para verlos fundidos llorando en un abrazo y yo conducía de regreso dejando a los robots en la despedida, BISHOP les dijo:

–            Vendré a verles para aceitarles y visitarles, no estén tristes, volveré – moviendo su mano y ya mirando con angustia el futuro que de venía.

Así BISHOP, llegó, todos lo miraban, todos decían cosas en silencio, pero el entendió que debía seguir el consejo de ESTRELLA:

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“Siempre habrán personas que no nos entenderán, siempre habrán personas que juzgarán o que dirán que tu no puedes, que no sabes o que no entiendes, pero nunca les creas, porque tú te conoces, tu hiciste un planeta entero allá lejos, un mundo hermoso y has vuelto para enseñarles que tu naciste acá y podrás con la ayuda de los que te aman, vivir en paz, ser quien tú quieres ser, pero por sobretodo ser feliz…”

Y así BISHOP, día a día vivió en su planeta rodeado de quienes le amaban, feliz y organizaba viajes al planeta de los robots y vivió feliz haciendo lo que el más amaba, viajar, hacer robots y con la sonrisa de ESTRELLA, su hermosa y dulce madre.

Y aquí también estoy yo, me quedé aquí para apoyar y ayudar a ambos para que no sientan nuevamente que están solos.

Autor:  Leonardo Farfán

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2 Responses to BISHOP Y EL PLANETA DE LOS ROBOTS (@Leocaracol)

  1. Mein Gutes says:

    Hola @Leocaracol, me gustó mucho este relato. Escribís muy lindo! Espero poder seguir disfrutando de tus escritos. Buenas noches!

  2. Patricia says:

    Hermoso!!!
    Mi hijo Diego también tiene su planeta, se llama Diegland, y el siempre me dice que todo es perfecto ahí.
    Saludos desde México!!!

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